9 de febrero de 2013

Diablos y morenos de antaño



La portada de este número de Tendencias muestra a dos figuras de la Morenada Zona Norte —un caporal y a una negra— fotografiadas por Boris Ajhuacho durante una demostración folklórica en el estadio Oruro Royal en 1942, hace exactamente 71 años.

Esa y otras imágenes históricas del carnaval de Oruro —como las que se reproducen aquí— figuran en el número 19 de la revista Historias de Oruro, publicada por los hermanos Fabrizio y Mauricio Cazorla Murillo.

Las fechas son propicias para ocuparse del Carnaval orureño. La revista lo hace rescatando, entre otros materiales, una parte de la memoria gráfica de esta celebración popular —a través, por ejemplo, del trabajo del fotógrafo aficionado Hugo Canedo Arias (1922-1969)— y de la historia de la primera morenada orureña, la Morenada Zona Norte.

Para Fabrizio Cazorla —director de la publicación—, la historia constituye una manera de devolverle a la gente un sentido de pertenencia. No se trata, sin embargo —aclara—, de una mirada nostálgica al pasado sino de una manera de comprender mejor el presente. Con ese espíritu, Historias de Oruro comenzó a publicarse en octubre de 2010.

Hugo Canedo Arias fue un fotógrafo aficionado —y bailarín de la Fraternidad Artística y Cultural La Diablada— que dejó como legado miles de imágenes del Carnaval de Oruro. Pero no sólo eso, desde 1959 también filmó la entrada. Este número de Historias de Oruro muestra parte de ese patrimonio visual, como en otros números mostró facetas del acervo fotográfico de las colecciones de Josermo Murillo Vacarreza —mucho más conocido por su trayectoria literaria— y de Carlos Portillo, “el Julio Cordero orureño” como dice de él Mauricio Cazorla.

Otro tema del que se ocupa la revista es la historia de la Morenada Zona Central, que este 13 de marzo celebra sus primeros 100 años de vida institucional. “Pero el conjunto es más antiguo —se lee en la revista—. Su presencia se remonta a mediados del siglo XIX como una antigua representación dramática de los esclavos negros que vivieron en Oruro y los que, más tarde, se dedicaron a actividades de la pisa de la uva”.

De esas historias y de esas imágenes se teje la memoria del carnaval. Una manera, también, de celebrar.






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