24 de mayo de 2013

Achachis, movidos por la fe y las matracas



Raúl Mamani Paucara tiene 49 años y desde 1982 baila en la entrada del Gran Poder. Cuando comenzó estaba cursando la prepromoción del bachillerato en humanidades.“Estudiaba en el colegio Franz Tamayo de Villa Victoria y comencé a bailar”, recuerda el integrante de la fraternidad Los Fanáticos. Terminada la Secundaria, optó por estudiar Derecho y una carrera técnica en la escuela Pedro Domingo Murillo, pero sin dejar de lado su fe en la venerada imagen de la Santísima Trinidad.

“Empecé con la morenada Unión de Bordadores (integrada por) quienes confeccionan los trajes; luego, en 1987, bailé con la fraternidad de los Achachis morenos”. En 1992, la pasión por el folklore llevó a Mamani y a sus correligionarios a fundar la fraternidad Los Fanáticos del Gran Poder.

“La emoción, ya que éramos muchos fanáticos del Tata, nos llevó a un grupo de amigos a fundar nuestra propia fraternidad”. La creación de esta agrupación se produjo el 20 de octubre en la localidad de Laja bajo el nombre de Los Fanáticos. Un grupo de 125 damas y 130 varones, dedicados al comercio, iniciaron la fraternidad. “La primera presentación que tuvimos fue en la entrada de Gran Poder en 1993 y ganamos el primer lugar entre los conjuntos de folklore”, recuerda el dirigente.

Mamani asegura que la fe y la ayuda del Tata han sido fundamentales para que se consolide como un empresario próspero y que no sufra de ninguna enfermedad que melle su salud.Félix Mena (55) es también fundador de la fraternidad Los Fanáticos y lleva 20 años en el Gran Poder y profesando su fe junto con su esposa, Yolanda López.

“Somos muy devotos del señor del Gran Poder y por eso hemos optado por pasar el preste mayor”, precisó el pasante mayor. Mena, dedicado a la decoración, cortinaje y alfombrado, asegura que ha recibido las bendiciones del Tata para su hogar, especialmente en el ámbito de la salud.

“Comencé bailando caporales y ahora bailo morenada, para la fiesta del preste mayor y para el Señor nunca hay que tener calculo económico ni precio ni nada, sino hacerlo con mucha devoción y desde el corazón para recibir la bendición”, afirma convencido.

El pasante mayor espera seguir participando en La Fiesta Mayor de los Andes hasta que las fuerzas se lo permitan y que cuando ya no pueda, quiere que sus hijos sigan bailando al ritmo de las matracas, llenos de fe, alegría y optimismo.

Abundancia y color son elementos de la fiesta

La fiesta del Gran Poder surgió como una manifestación cultural del barrio de Chijini hasta 1975, cuando superó el vecindario e ingresó a la plaza Murillo. La Asociación de Conjuntos Folklóricos se fundó también por esos años y la festividad patronal crece cada año, motivando a más gente a participar de ella.

“Hay varias interpretaciones de esta fiesta y hacen referencia a que en el mundo andino urbano la religiosidad se expresa en la ostentación y abundancia”, señala la antropóloga Luz Castillo. La investigadora considera que lo barroco, superlativo, abundante, exagerado es todo y se ve en el brillo, el color, gasto y las ofrendas. “La forma de ofrecerse a la deidad es a través del baile y cansancio y esta forma es prehispánica”.

Religión. La manera católica de interactuar entre un fiel y una deidad es a través del sufrimiento del cuerpo, sin embargo; en el Gran Poder, las formas apuntan al goce y al placer del cuerpo. La festividad se realiza siempre antes de Corpus Christi.

“La entrega es a través del sacrificio, martirio, ayuno y flagelación del cuerpo para acercarse a Dios, mientras que en el Gran Poder hay un acercamiento a través de una vivencia física y sensorial del cuerpo”, explica Castillo.

La investigadora resalta aspectos como la invitación al disfrute y a la sensualidad dentro de la festividad. “La abundancia y la exageración; el baile, la bebida y todo es un llamado a más abundancia y se expresa en los negocios que tienen los participantes”, apunta la experta. Si bien no se habla del concepto de multiplicarse, éste está muy presente en la festividad.


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