26 de mayo de 2010

El gran poder de la invitación

Las invitaciones a las fiestas de las fraternidades del Gran Poder aumentaron su tamaño hace unos años; luego se complementaron con videos, calendarios y discos de regalo. Hoy, la moda es que las esquelas impresas sean un recuerdo perdurable por lo que se plastifican y enmarcan.

Roberto Dávila, gerente de la imprenta Nor Chichas de la zona del Cementerio, tiene 20 años de experiencia en el trabajo de las invitaciones del Gran Poder. Ha visto la evolución de las esquelas. “Ahora, las invitaciones son hechas con detalle. Llegan parejas de pasantes para definir el modelo más en las fechas próximas a la primera recepción”, indica el gráfico.

Según Dávila, hace ya cuatro años y, gracias a las facilidades de las nuevas tecnologías, se impuso que las invitaciones “sean grandes y muestren las fotos de fundadores, de los pasantes, de la fraternidad”. Tal recuerdo no podía perderse por lo que pronto las impresiones fueron plastificadas.

Ahora, el plastificado es imprescindible. “Cuando se plastifica, la invitación es más atractiva y se conserva mejor. La intención de los pasantes es que quien la reciba la guarde como un recuerdo y no la bote”, dice Dávila.

El primer paso para elaborar una invitación para fraternidades es que los pasantes visiten la imprenta. Allí, luego de ponerse de acuerdo con la forma y los colores, se trabajan dos ideas. “Se alista dos modelos y los pasantes vuelven para aprobar el definitivo”.

Los problemas en mesa pueden surgir cuando los pasantes quieren acomodar las fotos .”Hay discusiones por quién va primero o segundo en la invitación; por eso les sugerimos que hagan un sorteo y se queden tranquilos”, sostiene el gerente.

Dependiendo del número de invitaciones —los pedidos oscilan entre 500 y 1.500—, un pedido puede entregarse en una semana. “Este año atendimos a varias “pesadas” entre ellas la del Transporte Pesado, Rosas de Viacha, Diamantes Nueva Generación, Los Vacunos”, asegura el gerente.

Según los empleados de la imprenta Nor Chichas, los más exigentes son los del Transporte Pesado. “Ellos también piden un calendario exclusivo con forma de camión en el que ponen todas las fechas que son importantes en el año”, comenta un trabajador.

El precio de cada invitación está entre los 6 a 6,50 bolivianos; por lo que un pedido de 1.500 llega a costar unos 10.000. “Hoy, lo que nos ayuda es la tecnología. Se pueden cumplir las exigencias de los fraternos ”, expresa Dávila, quien deja en claro que atrás ha quedado la tendencia de hacer trabajos con serigrafía y con banderines.

Tienen más detalles

Audio y video
En las invitaciones para la primera recepción se añaden discos compactos que contienen el tema oficial de la fraternidad y también el video clip grabado con banda por los bailarines.

Calendario
Las fraternidades hacen calendarios especiales para recordar a sus fraternos los días y horas de sus reuniones. Así también señalan todas las fiestas del año.

El prestigio de la fiesta en manos y máquinas

Los pasantes que no ven los colores exactos que pidieron impresos en sus invitaciones pueden enfurecerse. Los trabajadores de la imprenta Nor Chichas no dudan en rehacer un trabajo; ya que manejan la premisa de que “el cliente siempre tiene la razón”.

Roberto Dávila comenta como una anécdota que en cierta ocasión los “Fanáticos” de El Alto encargaron sus invitaciones en blanco y azul, que son sus colores característicos. “Cuando el equipo de la imprenta estaba a punto de entregar las invitaciones, uno de los pasantes vio que el tono de azul no era el preciso; entonces pidió rehacer el trabajo de 1.500”. Si no realizaban el nuevo tiraje no recibirían ningún pago. “Es algo que costó y dolió, pero cumplimos”, afirma Dávila.

Uno de los operarios que tiene la función de dar la forma final a las invitaciones cuenta que en otra ocasión vivió momentos difíciles. “Un grupo de pasantes llegó a recogerlas, estaban tal y como las habían ordenado. El que las encargó se olvidó un detalle, por lo cual me acusó y en ese momento se lavó las manos y dijo que era problema mío y de la imprenta, entonces todos querían golpearme”, relata.

Dávila señala que hay los “buenos clientes y los malos”. Los buenos son los que pagan. “Y los otros, llegado el momento piden rebaja porque dicen que en otro lugar estaba más barato”. Añade que se siente feliz con su negocio, ya que es muy solicitado por las fraternidades que confían en sus manos y sus máquinas “todo el prestigio” de la fiesta mayor.