15 de agosto de 2009

Quillacollo está de fiesta


La entrada de Urkupiña dio razón al lema de ser la fiesta de la integración. Fieles, peregrinos y bailarines de todos los rincones del país y del exterior, bailaron en honor a la Virgen en una fiesta de integración y unidad.

La integración se notó ayer con la presencia de bloques o regionales de las principales fraternidades del Gran Poder y el Carnaval de Oruro.

Una de las primeras fraternidades en ingresar fue la morenada Intocables, que nació en La Paz y en la que la mayoría de sus bailarines son paceños, aunque también aglutina a devotos de Cochabamba y Oruro.

Otra morenada, Los Andes, es una agrupación paceña que cuenta con fraternos del valle y Oruro. La presencia paceña se hace más notoria con los Doctorcitos Magnos Novenantes.

Pero como Urkupiña es integración, a diferencia de otras fiestas, no limita la presencia de bailarines de otras regiones .

Las fraternidades cochabambinas tienen entre sus integrantes a residentes paceños, orureños y cruceños. Los ejemplos son claros, la Morenada Transpeco, los Tobas del Rosario y los caporales San Simón, que son un caso especial, pues son formados en el valle, pero con bloques de La Paz, Santa Cruz, Sucre, y Oruro. La integración sobrepasa las fronteras. Los Caporales CATUSA, fraternidad quillacolleña, tiene un bloque argentino. Los extranjeros bailaron en varias fraternidades.

La festividad se desarrolló en un marco de colorido, música y alegría. Los aplausos se sumaron ante el paso de los más de 15 mil fraternos que hicieron bailar y emocionar a los asistentes.

Un grupo autóctono abrió el festejo. A las 8.00 se oyó la música llamando al público, que desde tempranas horas, se apostó a lo largo de las principales avenidas y calles de Quillacollo, el santuario que concentró en la jornada a miles de feligreses entre bailarines y espectadores.

Las autoridades municipales y departamentales no faltaron a la fiesta, junto a los dirigentes de la Asociación de Fraternidades Virgen de Urkupiña ingresaron bailando al son de la diablada. “Como autoridades abrimos los brazos a la familia boliviana para que pueda disfrutar de una fiesta diferente a las que vivimos en el país porque desde todos los rincones de Bolivia y desde otros países llegan y se unen por la Virgen” manifestó Marcelo Galindo, alcalde de Quillacollo.

Bailarines y bandas dejaron a su paso sabor a poco. Las morenadas fueron las que más espacio coparon a la hora del ingreso, por el paso cansino, al igual que los doctorcitos o los incas. Otras danzas ágiles como los tinkus contagiaron las ganas de bailar; la galantería del los suris sicuris o la agilidad de los tobas y diablos llenó de aplausos el recorrido donde jóvenes y niños se sumaron en las fraternidades.

Quillacollo bailó, las agrupaciones folklóricas reflejaron la unidad en la diversidad, porque no sólo las tradicionales danzas se hicieron presentes, también hubo agrupaciones autóctonas y otras como “los mineritos” de Kami que a su paso ganaron la simpatía de la gente .

Tres kilómetros y medio de recorrido provocaron cansancio en los bailarines que no dejaron el paso porque prometieron danzar para la Virgen, pedidos de unidad, salud, mejores días y que no falte el trabajo fueron los que dejaron a los pies de la patrona que los esperó en el atrio de San Ildefonso.

Redacción Cochabamba