4 de junio de 2012

Los artesanos hacen su parte

Quizás por eso, la Diana es el momento ideal para reparar en esa particularidad que tiene mucho que ver con el gusto de los fraternos, pero sobre todo con la habilidad de los artesanos. Por ejemplo, un bloque de los morenos de Los Fanáticos tiene mantas deslumbrantes como las plumas de un pavo real. El bordador recreó al ave con piedras aplicadas sobre una tela de terciopelo y remató el adorno con una pluma verde. Daisy Huanca dijo que gastó más de 3.000 bolivianos en la tenida que llevaba, sin contar el precio secreto de sus joyas.

En la calle Nueva York, imposible no detenerse frente a Julieta Loza y su manta anaranjada sobre blusa y pollera de color crema. Los apliqués de perlas de fantasía remarcando las flores de tela ponen volumen al torso, tal cual hacen los pequeños dobladillos en la parte superior de la pollera. “Quisimos recuperar algo que se usaba antes de la pollera lisa”, explicó la fraterna de Los Intocables.

Tendencia. “Esta moda se irá hasta EEUU, España y otros lugares donde se bailan danzas bolivianas: el Gran Poder marca tendencias en la ropa”, argumentó Loza. Una de las tiendas encargadas de hacer estas obras de arte, de crearlas de manera que identifiquen a los diferentes grupos, sin que repitan detalles, es la pollerería La Orquídea. “Allí nos dan estos modelos que son únicos para la fiesta y que se lucen durante toda la entrada y antes de ella, como en la Promesa”, explicó Rocío Salcedo, la Palla 2012 de Los Fanáticos, dueña de una manta de gasa y blusa de seda con cuello de lana y perlas.

Uno de los colores más usados en la entrada de este año y que se repitió en la Diana es el verde en todas sus gamas y en variedad de telas. Y si la gasa o el lamé son esplendorosas, las guías de Los Rebeldes mostraron que una tela de tipo toalla, color verde agua, no pierde nada por su textura.

La morenada Amaba lució mantas en verde muy claro (limón), logradas a la manera de red, que daban el aspecto de panal de abejas, con apliqués de flores de tela y lentejuelas. Las cholas del Transporte Pesado parecían volar con sus mantas en celeste cielo, con mariposas de alas desplegadas y móviles, las mismas que la pollera llevaba bordadas en el ruedo. Y así se podría seguir admirando.

Accesorios importantes

Fondos

Sobresalen debajo de las polleras, con bordes de encaje y a veces brillos y lentejuelas. Las hay rojas como la manta o azules como la chaquetilla o blancas como la blusa...

Zapatos

En la mayoría de los casos están forrados con la misma tela de la pollera. Las guías, que suelen vestir distinto al resto del grupo, a veces sólo se diferencian por el color de los zapatos.

La basura de la fiesta llega a 35 toneladas

En el trayecto que recorren los bailarines, la gente les invita una lata de cerveza o un vaso de agua. Para el caso de la basura, es lo mismo, pues el danzarín sigue avanzando. Apenas termina el líquido, tira allí mismo, sin disimulo, el recipiente. Quienes vienen detrás suelen dar una patada para alejar el desecho de su paso y éste va a dar al borde de la acera. Se calcula que son 40 mil personas las que desfilan por el Gran Poder. Si sólo la mitad procede de la forma descrita y atestiguada, y por una sola vez (en las dos o tres horas que suele durar el recorrido, algunos fraternos reciben más de una bebida), se entiende que luego de la entrada se tenga que recoger hasta 35 toneladas de basura.

Tal cantidad es la que estima que se halló en la zona del Cementerio, 14 de Septiembre, Garita de Lima y sectores aledaños, según oxigeno.com, diario digital, que cita a la directora del Sistema de Regulación Municipal (Siremu), Rosmery Gardeazábal.

La basura que deja la fiesta del Gran Poder incluye restos de comida, cáscaras de fruta, papel, vidrio, latas, plástico, etc. Hay que decir que las latas de cerveza son recogidas por recolectores particulares el mismo día de la entrada. Con una bolsa en la mano y esquivando a los bailarines y músicos, hay gente que se dedica a esa labor, pues luego vende la hojalata para reciclaje.

Las calles ayer estaban limpias. Cuatro cisternas de 60 mil litros de agua hicieron la labor de borrar, según la funcionaria municipal, sobre todo los restos de cerveza regada y de orina humana.

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